Día Internacional de la Ciberseguridad
Sergio Hrabinski, Socio - Gerente Soluciones y Servicios de Ciberseguridad de Xelere
La acelerada evolución tecnológica, el avance de la inteligencia artificial y la creciente digitalización de procesos han colocado a la ciberseguridad en el centro de las prioridades corporativas. En este contexto, es importante conocer cuáles serán las amenazas y alertas críticas que dominarán el panorama en 2026 y que ya exigen preparación estratégica por parte de las organizaciones. El fraude por identidad digital, será uno de los vectores más temidos del año.
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Superficie de ataque ampliada en entornos híbridos y distribuidos
- La mezcla de nube pública/privada, edge computing, dispositivos IoT y aplicaciones distribuidas seguirá ampliando exponencialmente los puntos de entrada. La complejidad operativa dificultará la visibilidad y el control de activos, lo que incrementará el riesgo de configuraciones erróneas y accesos no autorizados.
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Ransomware avanzado impulsado por IA
- El ransomware evolucionará hacia ataques más dirigidos y automatizados. Los modelos de doble y triple extorsión se combinarán con IA predictiva que identifica activos críticos, maximiza daño y reduce los tiempos de detección.
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Fraudes digitales y suplantación hiperrealista (deepfakes)
- La IA generativa permitirá crear voces, imágenes y videos casi indistinguibles de los reales. Esto dará lugar a estafas ejecutivas más sofisticadas, manipulación de transacciones y vulneración de procesos internos basados en verificación humana. El fraude por identidad digital será uno de los vectores más temidos del año.
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Riesgos derivados de la computación cuántica y transición a criptografía post-cuántica
- Aunque la computación cuántica aún no representa un riesgo masivo inmediato, sí habilita el almacenamiento de información robada para descifrarla en el futuro. Las organizaciones deben iniciar ya la migración hacia tecnologías Quantum Safe, un proceso que puede demorar entre 24 y 36 meses debido a su complejidad operativa y regulatoria. A este panorama se suma el crecimiento de técnicas como “harvest now, encrypt later”, que apuntan a obtener datos de alto valor hoy para explotarlos cuando los algoritmos cuánticos permitan romper los esquemas criptográficos actuales.
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Normativas más estrictas y presión regulatoria sobre la resiliencia
- Leyes inspiradas en modelos como NIS2, junto con marcos regionales emergentes, exigirán mayor transparencia, procesos de reporte de incidentes, auditorías permanentes y controles más sólidos en la cadena de suministro. Las empresas que no alineen su gobernanza enfrentarán sanciones y pérdida de competitividad.
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Brechas provocadas por fallas humanas y falta de talento especializado
- El eslabón humano seguirá siendo el punto más vulnerable. La escasez global de profesionales en ciberseguridad se combinará con errores básicos —contraseñas débiles, falta de MFA (por sus siglas en inglés de Multi-Factor Authentication), aplicaciones sin actualizar, mala gestión de accesos, procesos de desarrollo sin seguridad— que continuarán ocasionando un alto porcentaje de incidentes críticos.
Camino hacia un modelo de defensa más inteligente y adaptable
Ante este escenario, las empresas deben avanzar hacia un enfoque centrado en la resiliencia. Entre las acciones prioritarias se recomienda:
- Adoptar arquitecturas Zero Trust.
- Automatizar la detección y respuesta mediante plataformas basadas en IA.
- Reforzar la gobernanza interna y la auditoría a proveedores externos.
- Invertir de forma equilibrada entre prevención y recuperación ante incidentes.
- Fortalecer la protección de datos mediante políticas de clasificación, controles de acceso robustos y monitoreo continuo.
- Integrar prácticas de seguridad desde el desarrollo (DevSecOps) para disminuir vulnerabilidades desde el ciclo inicial del software.
- Incorporar programas continuos de concientización y simulación de ataques.
- Avanzar en estrategias de cifrados resistentes a la computación cuántica.
Las organizaciones deben prepararse para un entorno donde los ataques serán más rápidos, más personalizados y más difíciles de detectar. La resiliencia digital ya no es una opción, sino una condición para operar con seguridad.

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