Por: Rafael Núñez Aponte, CEO @MasQueSeguridad
Hay algo curioso en la Semana Santa: mientras muchos buscan silencio, otros encuentran oportunidad.
No es coincidencia. Es estrategia.
Cada año, mientras una parte del mundo se desconecta para reflexionar, viajar o simplemente descansar, otra parte se activa. Los ciberdelincuentes saben que estos días no son normales: menos personal, menos supervisión, más distracción. Y en ciberseguridad, eso es terreno fértil.
No es percepción, es estadística. Más de la mitad de los ataques ransomware ocurren en fines de semana o feriados, precisamente cuando las organizaciones bajan la guardia . En muchos casos, los equipos de seguridad operan con personal mínimo o incluso reducido hasta en un 70%, lo que retrasa la detección y amplifica el impacto . Es el equivalente digital de dejar un castillo con menos vigilantes en la muralla.
Y los atacantes no improvisan. Esperan estos momentos.
Ya ha ocurrido en infraestructuras críticas y gobiernos. Desde ataques que paralizan ministerios completos hasta operaciones que coinciden con días festivos para maximizar el daño. No buscan solo entrar, buscan hacerlo cuando nadie está mirando.
El problema es cultural. Muchas organizaciones siguen viendo la ciberseguridad como algo de horario de oficina. Pero el riesgo no entiende de calendarios, ni de procesiones, ni de vacaciones. Mientras alguien celebra, alguien más está intentando vulnerar.
Hay un dicho popular: hoy es viernes y el cuerpo lo sabe.
Pero en el mundo digital, hay que entender algo más incómodo: el ciberdelincuente también lo sabe.
Y por eso, en estas fechas donde se habla de recogimiento y conciencia, quizás la mejor reflexión no es solo espiritual. También es operativa. Porque en ciberseguridad, bajar la guardia no es descanso.
Es exposición.

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