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Jan 8

2026: el reto de la confianza en la IA en la oficina del CFO

2026: el reto de la confianza en la IA en la oficina del CFO

En 2026, los responsables financieros soltarán el pie del freno a la hora de usar la Inteligencia Artificial en su trabajo. En los últimos dos años, los equipos financieros han aumentado el uso de la IA en la planificación, la elaboración de informes y las operaciones, así como en la inteligencia empresarial. Sin embargo, lo que les sigue frenando no es la adopción, sino la confianza. Las dudas sobre la precisión, la gobernanza y la calidad de los datos subyacentes han mantenido a la IA en modo copiloto.

El cambio se produce a medida que los directores financieros comienzan a confiar en la IA tanto con la cabeza como con el corazón. A medida que las herramientas siguen evolucionando y los equipos ven resultados precisos, se está generando confianza sobre la base de la transparencia. Los conjuntos de datos unificados y coherentes proporcionan a la IA una base más sólida. xP&A evoluciona hasta convertirse en el cerebro de la empresa, vinculando señales de toda la organización. En conjunto, estos cambios abren la puerta a una autonomía gobernada y supervisada en las finanzas.

Con una base más sólida de datos fiables y una supervisión más clara, las finanzas pueden ir más allá del mero ahorro de tiempo y pasar a un nuevo espacio en el que se generan conocimientos y se actúa de forma autónoma, dentro de unos límites claramente definidos.

Y es aquí donde la cabeza se une al corazón. La precisión y el control en tiempo real se combinan con la claridad y la convicción, lo que proporciona a los directores financieros la confianza necesaria para permitir que la IA pase de ser el copiloto para ejercer de piloto automático supervisado. Por eso este año 2026 se va a caracterizar por el progreso. No se trata de confiar ciegamente en la IA, sino de generar confianza, con una supervisión y un control humano estrechamente integrados.

Qué hemos aprendido de 2025

Para la oficina del CFO, 2025 fue el año de sentar las bases. En los primeros meses del año, la curva de evolución fue plana, ya que los equipos experimentaron y sentaron las bases para ofrecer beneficios reales a los clientes. A medida que los datos, los modelos y la supervisión maduraron, la adopción de la IA comenzó a acelerarse.

También fue el año en que convergieron la complejidad funcional y la complejidad estratégica. Las nuevas y ampliadas normas de información, así como la actualización de estándares en la normativa CSRD y ESRS, establecieron nuevas expectativas en materia de recopilación de datos, auditabilidad y divulgación. Estas exigencias crearon, sin embargo, una complejidad funcional.

Al mismo tiempo, aumentaron las expectativas de los directivos. Las finanzas se convirtieron en el centro de la toma de decisiones estratégicas, orientando las elecciones en materia de inversión, asignación de capital y planificación. Esto añadió complejidad estratégica.

Y, en este contexto, la IA prometía alivio en ambos frentes: reducía la carga de trabajo posterior mediante la automatización de la presentación de informes y la conciliación, al tiempo que respaldaba las decisiones iniciales con señales prospectivas más claras. Sin embargo, la brecha entre el potencial y la práctica seguía existiendo. Persisten las barreras técnicas, operativas y, en última instancia, emocionales, y la adopción de la IA crece, pero sigue siendo de forma cautelosa y controlada.

De ahí que la confianza sea la consigna para 2026. Porque este año esa brecha entre el potencial y la práctica se reducirá, ya que finalmente se eliminará el freno de mano de la IA y las finanzas avanzarán hacia una ejecución más autónoma con un control humano firmemente establecido.

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