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Apr 21

IA, ciberataques y presión permanente

IA, ciberataques y presión permanente

Crece el riesgo de burnout entre los trabajadores de tecnología en Colombia

En Colombia, la conversación sobre estrés laboral empieza a relacionarse cada vez más con el mundo de la tecnología. La razón es doble: por un lado, la presión cotidiana de los equipos de TI, marcada por la permanente disponibilidad, el temor al error y la velocidad del cambio; por otro, un entorno digital más exigente, en el que crecen la adopción de inteligencia artificial y los riesgos de ciberseguridad. De acuerdo con cifras del MinTIC, en 2025 Colombia gestionó 697 incidentes de seguridad digital a través de ColCERT y, al mismo tiempo, el país ascendió al cuarto lugar entre 19 países en el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial.

Ese cruce entre tecnología, hiperconectividad y exigencia operativa ha vuelto más relevante una discusión que suele quedar relegada en las organizaciones: cómo se gestiona el estrés en áreas donde la presión rara vez se detiene. Para los profesionales de TI, el reto ya no es solo mantener sistemas, responder incidentes o incorporar nuevas herramientas, sino hacerlo constantemente, con poco margen de error y frente a amenazas cada vez más sofisticadas. El propio Ministerio TIC advirtió que, pese a la reducción de incidentes reportados, en 2025 aumentó la alerta por fraudes digitales, amenazas persistentes avanzadas y uso de inteligencia artificial en ataques contra sectores estratégicos.

En ese contexto, especialistas de ManageEngine, división de gestión de TI empresarial de Zoho Corporation, insisten en que el primer paso no es solo hablar de burnout, sino entender qué tipo de estrés está en juego. El estrés, explican, es la respuesta del cuerpo ante presiones físicas o mentales, pero no todo opera de la misma manera ni produce el mismo efecto sobre el desempeño.

Por un lado está el eustrés, una forma de estrés funcional de corto plazo que puede elevar la concentración, aumentar el estado de alerta y ayudar a enfrentar desafíos puntuales. En ambientes de tecnología, ese tipo de respuesta puede aparecer, por ejemplo, cuando un equipo debe resolver una contingencia crítica o responder a una caída inesperada de un servicio. Superada la situación, la presión disminuye y suele dejar una sensación de logro o impulso.

Pero existe también el distrés, que aparece cuando la presión deja de ser puntual y se vuelve constante o inmanejable. A diferencia del eustrés, no se resuelve con rapidez, sino que se acumula. En la práctica, puede traducirse en fatiga, dolores de cabeza, alteraciones del sueño, dificultades de concentración, deterioro en la toma de decisiones, ansiedad, irritabilidad o agotamiento profesional.

Ese es, precisamente, el tipo de estrés que hoy preocupa más en el sector tecnológico. Colombia avanza en capacidades digitales, formación y adopción de inteligencia artificial; de hecho, MinCiencias destacó que el país alcanzó el puntaje máximo en demanda de cursos de IA, con inscripciones casi cinco veces por encima del promedio regional. Pero esa aceleración también eleva la exigencia sobre quienes deben aprender nuevas herramientas, integrarlas a los procesos y responder a una operación crítica sin detenerse.

Para ManageEngine, esa presión debe atenderse en dos frentes: uno reactivo, para los momentos en los que el estrés se dispara, y otro proactivo, para evitar que la carga acumulada termine convirtiéndose en burnout.

En la gestión reactiva, el objetivo es interrumpir la respuesta de “lucha o huida” que se activa cuando la presión escala demasiado. En esos momentos, medidas sencillas pueden ayudar a bajar la intensidad: respiración profunda para activar el sistema de descanso del cuerpo, pausas breves, caminatas cortas o estiramientos para reducir la tensión física, y ejercicios de vaciado mental para ordenar preocupaciones e identificar qué está bajo control y qué no.

Sin embargo, la compañía advierte que manejar bien una crisis puntual no basta si el entorno de trabajo sigue acumulando tensión. Por eso pone el foco en la gestión proactiva del estrés, es decir, en la construcción de hábitos que fortalezcan la resiliencia antes de que la presión desborde a las personas y a los equipos.

Uno de esos factores es el sueño. La privación crónica de descanso puede hacer que todo se perciba como más amenazante y reducir la capacidad de respuesta ante problemas complejos. Dormir entre siete y nueve horas por noche, o al menos mantener horarios consistentes para acostarse y levantarse, puede ayudar a disminuir el nivel base de estrés.

Otro componente central es el ejercicio físico, señalado por los expertos como una de las herramientas más eficaces para reducir el cortisol y favorecer neurotransmisores asociados al bienestar, como la serotonina y la dopamina. La recomendación es sostener actividad física moderada de manera regular, con metas alcanzables y consistentes, más que con rutinas intensas difíciles de mantener.

A eso se suma el apoyo social. En entornos laborales de alta exigencia, contar con personas de confianza con quienes hablar puede funcionar como amortiguador frente al estrés crónico. No se trata de construir una red extensa, sino de tener vínculos que permitan compartir la carga emocional cuando la presión se acumula.

“El estrés no va a desaparecer, especialmente en el mundo de la tecnología. El ritmo del cambio y el costo de los errores lo garantizan. El verdadero problema no es el estrés en sí, sino si este controla tu respuesta o simplemente la informa”, señaló Wilson Calderón, Director Técnico de ManageEngine para Latinoamérica.

Más allá del bienestar individual, la discusión empieza a adquirir relevancia estratégica para las organizaciones. En un escenario donde Colombia fortalece su soberanía digital, reduce tiempos de respuesta ante incidentes y acelera su posicionamiento en inteligencia artificial, la sostenibilidad de los equipos también se vuelve parte de la conversación tecnológica. En otras palabras, la tecnología avanza, pero también sube la presión sobre las personas que la sostienen. Y en ese escenario, gestionar el estrés ya no es solo un asunto de bienestar: empieza a convertirse en una condición para trabajar de forma sostenible en el corazón de la transformación digital.

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